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domingo, 10 de mayo de 2009

La Marcha por la Paz en Mèxico

¿Què habrán hecho los familiares de los desaparecidos despúes de la marcha...


Quién sabe que habrán hecho, ni imaginar puedo. A mi hijo le hicieron un secuestro express y lo dejaron tirado en la ciudad de Puebla, inconciente en la calle. De alguna manera llegó a Cruz Roja en donde se despertó, no lo habían atendido, se levantó de la camilla y se fue corriendo por el Blvd. cinco de mayo en busca de ayuda, por supuesto que como era de madrugada nadie lo ayudó, ningún taxista se detuvo. Iba sangrado, le dieron golpes con un tuvo, casi le sacan un ojo.

El caso es que buscó ayuda en un lugar de antros llamdo “Los Sapos” y ni siquiera los inquilinos de los locales que tenemos en ese lugar le quisieron auxiliar, darle para el taxi, sentarlo en un rincón, hablarme por teléfono, nada.

Al fin un taxista lo aceptó en su coche y lo llevó a nuestra casa en las afueras de la ciudad, en la parte nueva de Puebla. Afortunadamente el mismo taxista no se lo volvió a llevar y lo secuestró nuevamente.

Yo estaba en nuestra casa en Atlixco y al otro dìa, cuando llegué para desayunar con él antes del trabajo lo encontré durmiendo en mi cama, espantado, sangrando, sólo…. No puedo describir mis sentimientos, no se porque no me explotó el corazón, en un principio pensé que se había peleado, pero cuando me contó lo que le pasó, mi sentimiento de impotencia era tan grande que me mareaba y en mi baño contestaba las llamadas tratando de ordenar mis ideas.

Cuando nos fuimos al neurologo solo alcance a desear, con todas mis fuerzas, que no hubiera daño cerebral en mi niño, mi hijo tenía 18 años. Acababa de terminar la prepa y teníamos todo listo para que se fuera a estudiar a Estados Unidos.

Participè en la marcha, por solidaridad con esas personas que perdieron a su gente, ni lejanamente las puedo comprender, pero supongo que ya jamàs podrán volver a dormir en paz, sólo hay que ver sus caras, son de ausencia, de dolor, de impotencia, exactamente como la cara que tenía yo cuando viví con mi hijo su secuestro.

Soy afortunada, tengo a mi hijo, lo amo con todo el corazon y estoy agradecida con la vida porque estamos vivos los dos.Afortunadamente mi hija está a salvo estudiando en Alemania.

Un abrazo emocional a todo el mundo que caminó, yo regresé a Puebla deshecha de los pies, con ámpulas, insolada a pesar del sombrero, pero tengo a mi hijo, tengo todo y no lo quiero perder. No quiero ser uno más de la lista que con la foto en mano busca aunque sea el cuerpo, me niego.

Por eso soy parte de “Iluminemos Mèxico” y de todas las asociaciones a las que me puedo unir, porque necesito no ver màs caras de angustia, quiero que cada padre tenga a sus hijos, que los ame y los mande a la universidad con la confianza de que regresarán y podrán desayunar cada mañana en la paz y seguridad con la que yo viví cuando caminaba por el centro de la ciudad de Puebla y todo el mundo me respetaba, yo correspondía con el mismo respeto, no hace tantos años que eso era posible, los niños te contestaban cuando les preguntabas su nombre y sonreian. Ahora todo el mundo tiene miedo de tu sonrisa porque piensan que les vas a hacer daño. Que espanto.

No hace tanto tiempo que eso sucedió, no sé cómo el país se nos fue de las manos, que terrible que ahora tenemos que vivir encerrados entre muros que nos protegen, con policias a la entrada, con vigilantes buscando en la cajuela de los visitantes, pidiendo una identificación y registrando la placas para demostrar que los amigos no son una amenza.

Queremos nuestro paìs de paz, queremos volver a caminar con seguridad y disfrutar del país que es de todos.


Martha Rivera

Presidente de Trabajando de Corazón.